Civilización o Barbarie
Argentina Casanova
Envuelta la humanidad misma, desde épocas ancestrales, en la dicotomía civilización frente a la barbarie, el pensamiento latinoamericano refleja esta inquietud desde sus inicios precisamente por la encrucijada que marca su propia concepción como una civilización surgida de la destrucción de otra, o simplemente como la civilización que nace con la conquista española a pueblos bárbaros.
Quizá ahí se encuentra la explicación de esas políticas despreciativas de otros países hacia América Latina, radica pues en una visión influenciada por la equívoca idea de que lo propio es vergonzoso e insalvable, y que la sobre vivencia y la mejoría sólo la garantiza la adopción de modelos extranjeros que aparentemente la conducen al ideal de progreso positivista.
La utopía del progreso no hace daño a América en ese sentido, ya que por sí no representan un elemento negativo, lo que hace negativo para los hispanohablantes son los parámetros con los que pretende medirse en función de la vida en otros países y de lo que es prioritario para otras sociedades, lejanas en tradiciones y costumbres a los pueblos que habitan América Latina.
Deslumbrados por el modelo de progreso visualizado y construido por Norteamérica en el Siglo XIX, los latinoamericanos –incluidos sus pensadores- como Sarmiento, intentan construir naciones en las que el progreso se sustente en la adopción de hábitos diferentes a los que prevalecen en las costumbres y tradiciones de los pueblos, en los que la calidad de vida y los estándares de bienestar se basan en el consumo de satisfactores construidos por el hombre sin apreciar lo que la naturaleza le brinda. Esa es la dicotomía que parece acompañar al hombre latinoamericano y extenderse al pensamiento en la concepción de civilización como sinónimo de racionalidad y asociando la barbarie con el instinto.
Así, en el caso particular de México, un país de contrastes y diferencias marcadas entre las clases sociales, las regiones parecen dividirse con esa característica de un Norte próspero y trabajador con un Sur empobrecido, en el que aún hay una prevalencia marcada de coexistencia entre los grupos étnicos asentados en las comunidades rurales y la población de las ciudades, en donde la civilización está más asociada al uso y consumo de satisfactores que a la real calidad de vida que en apariencia se obtiene precisamente de la existencia de estos artículos y la disponibilidad de servicios en la proximidad de la vivienda.
Esa calidad de vida “se alcanza” precisamente por la sensación de bienestar que ofrecen aparentemente el contar con electricidad, agua entubada, alimentos almacenados, drenaje en las calles y televisión con más de 20 canales, y es la gente que disfruta de estos elementos los que consideran que es insufrible la condición de vida que llevan quienes viven en el área rural o simplemente fuera de las ciudades si no cuentan con espacios recreativos o centros comerciales, pero paralelamente a esta concepción de vida feliz surge la insatisfacción perpetua que parece acompañar al hombre-mujer moderno y que lo lleva a realizar una regresión a su origen ¿primitivo?-natural de convivencia con la naturaleza y con esos mismos elementos en sus condiciones más simples.
Hoy en un mundo cada vez más occidentalizado y moderno vivimos también el regreso a la conciencia de que los alimentos orgánicos son los más saludables y que la felicidad se encuentra en la armonía con la naturaleza de la que hemos huido con la construcción de grandes ciudades con kilómetros de calles pavimentadas, en las que la energía eléctrica es el gran proveedor de todos los satisfactores en oficinas donde hay gente que puede transcurrir toda una semana sin ver un atardecer o la mañana, por pasar esas horas en un automóvil o encerrados en un espacio reducido en el que desempeña un trabajo.
La eterna contradicción de la civilización frente a la barbarie parece entonces no sólo estar asociada a la conciencia de la satisfacción sino ir incluso a aspectos esenciales de lo que es la felicidad para los individuos y cómo conciben su vida en función con el entorno y con las necesidades que le son inventadas por un modelo económico en el que la sobreproducción en masa obliga a la reinvención de necesidades para todos los individuos, en una constante de insatisfacción.
La visión de Facundo que logra Sarmiento (1843) no es exclusiva de América Latina, pero se ha acendrado en este continente donde las civilizaciones prehispánicas ancestrales aún perduran en las tradiciones de pueblos asentados a todo lo largo de este continente, recordándonos cada día que fueron culturas con historias interrumpidas por un mundo occidental que vio en el descubrimiento de América, el descubrimiento mismo de sus temores de no ser los únicos en un mundo que creían plano y nacido de Adan y Eva, en la concepción cristiana que hacía de los americanos-colombinos seres distinto a lo humano.
La dicotomía no es exclusiva de América, más bien, la existencia de América la replantea al mundo occidental.

augusto enrique faria nava dijo
realmente, los que aayudaron aescribir la historia de los pueblos los felicitó.ya que son los autores que vivieron ese pasado como el presente nuestro,y plasmaron asi para los tiempos postrereros. Ahora bien, en el tiempo actuar no podemos quedarnos en el pasado con las mismas formas de pensar, tenemos que darle un gran paso a la pedagogia critica que por naturaleza es flexible y se adapta perfectamente a los nuevos enfoques paradigmatcos. Todos ellos son importantes pporque cada unoconstruyo su modelo en la construcción del conocimiento,perohay que discernir sobre su adaptación a lops nuevos curriculos pedagogicos adaptados a los momentos epaciales de nuestra historias e3n cualquier lugar y cultura,en la que elser humano deberia ser DIOS por los conocimientos empiricos en la convivencia humana y espiritual,llena de valores humanosy sobre humanos. A unasd colonias etnicas se les enseña a lanzar flechas a los blancos porque son malos, diciendoles que quieren acabar con los pielesrojas, loaprenden y ejecutan esta enseñanza para toda la vida,estoes conocido como su cultura y, así cada pueblo ó nación. Porello hay que replantear lahistoria urgentemente.lomas importante son los valores humanos de todos los pueblosporque cada ser tiene su importacia y escompletamente diferente a otros que en consensos historicos y comtemporaneos pueden ayudar a dar un giro de 360 grados, primeramente a los males que atañen el mundo desde el pasado y trabajar por restablecer loque debió ser. y LOPERFECTO DELAS COSAS QUE SE HAN MANTENIDO LEVANTARLO. como la serpiente de bronce que levanto moises en el desierto dela vida en un madero por mandato divino y todas las cosas fueron saneadas por intervencion de la razon y la conviccion de sus vivencias, y al llegar el dueño dela historia jesucristo nuestro señor lopractico, lo hizo y lo vivió conlos suyos los judios
13 Noviembre 2008 | 05:01 PM